Cerca de 30 personas participan en una jornada de plantación en el Bosque Comestible del Valle de las Caderechas
La iniciativa, impulsada por Ábrego, sigue consolidándose como espacio de formación y biodiversidad

Cerca de 30 personas participaron el pasado domingo en una nueva jornada de plantación en el Bosque Comestible del Valle de las Caderechas, en una cita que se desarrolló con éxito y gran implicación vecinal. La actividad, centrada en la preservación de especies frutícolas y semillas autóctonas tradicionales, refuerza este espacio como un lugar vivo para aprender, cuidar y reconectar con el territorio.
Durante la jornada se plantaron todos los árboles previstos, reponiendo los ejemplares que no habían sobrevivido al último año, con el objetivo de que en 2026 el bosque crezca más fuerte y sano. Además, se avanzó en el acolchado con paja para proteger los árboles y conservar la humedad del suelo, y se adecuaron algunas lagunas destinadas a la retención de agua. Todo ello forma parte de las soluciones climáticas que guían el proyecto, como el diseño keyline y la recuperación de tierras baldías.
Desde la asociación Ábrego destacan el excelente ambiente vivido durante la jornada, subrayando el compromiso de la comunidad con la biodiversidad, la soberanía alimentaria y el cuidado del entorno. La actividad concluyó con un picoteo compartido para celebrar el trabajo realizado y seguir fortaleciendo este proyecto colectivo.
El Bosque Comestible, ubicado en Rucandio, comenzó en septiembre de 2024, impulsado por la asociación Ábrego y la Asociación de Productores y Comerciantes del Valle de las Caderechas, con el respaldo económico de Alcampo y la Fondation Auchan. Las primeras plantaciones se realizaron en mayo de 2025, cuando 25 voluntarios comenzaron a dar forma al proyecto, que contempla la plantación de 1.600 árboles de 30 variedades frutales.
Miranda Santamaría, responsable de comunicación de Ábrego, explica que el trabajo se ha desarrollado de manera progresiva. En primer lugar, se limpió la parcela, anteriormente una tierra baldía con algunos tocones y árboles dispersos, y se diseñó la plantación para imitar un bosque natural y autosuficiente. Posteriormente, se ejecutaron zanjas de infiltración siguiendo el diseño keyline, con el objetivo de que el agua de lluvia se retenga en la tierra. Más adelante se llevó a cabo una primera gran plantación de unos 600 árboles y se construyeron lagunas en las zonas donde más agua se acumula, para facilitar el riego durante el verano.
De cara al futuro, Miranda Santamaría señala que el objetivo es seguir fortaleciendo el bosque y dotarlo de nuevas infraestructuras. Entre los próximos pasos figura la construcción de una caseta que funcione como espacio de educación ambiental, especialmente pensada para recibir a centros educativos de Castilla y León. Además, la asociación continuará impulsando acciones formativas adaptadas al crecimiento y evolución del propio bosque.
Desde Ábrego aseguran que jornadas como la celebrada este domingo continuarán en los próximos meses para seguir consolidando el Bosque Comestible del Valle de las Caderechas como un referente en sostenibilidad y participación comunitaria.










