Poza de la Sal revive este fin de semana la tradicional Danza del Escarrete
La fiesta, declarada de Interés Turístico Regional, llenará de música, tradición y comedia las calles de la villa salinera

Poza de la Sal se prepara para revivir este fin de semana una de sus celebraciones más arraigadas: la Danza del Escarrete, fiesta incluida en las fiestas de San Blas y declarada Fiesta de Interés Turístico Regional. La festividad, que combina elementos religiosos y populares, es una de las señas de identidad cultural de la villa burgalesa y atrae cada año a numerosos visitantes interesados en conocer las tradiciones locales.
Los actos comienzan el sábado, día de Santa Águeda, con el pasacalles de “los Negros”. Se trata de un grupo de mozos de la localidad que recorren las calles vestidos con trajes negros y con la cara pintada de hollín, animados por la Banda de Música, en una mascarada tradicional que recuerda sus raíces más antiguas. Esta figura folklórica forma parte de la llamada Mascarada de los Negros, uno de los eventos más singulares de la fiesta junto con la danza del domingo.
El domingo, los actos comienzan con el tradicional pasacalles en busca de la Mayordoma, que este año será Pepi Trapero, seguido de la procesión y la bendición de los cordones. La jornada continúa con el manteo popular en la plaza, una costumbre festiva en la que los participantes animan el ambiente antes de la danza principal.
Ya por la tarde, a partir de las 17:00 horas en la Plaza Nueva, tendrá lugar la esperada Danza del Escarrete, un baile ancestral en el que parejas de jóvenes danzan a la pata coja alrededor de gallinas o conejos situados en el centro del corro, tradicionalmente acompañados de espadas y música folclórica. Esta danza simboliza la petición de prosperidad para las familias y los nuevos hogares, una costumbre que en el pasado estaba reservada a parejas casaderas y hoy se ha adaptado para incluir a cualquier pareja joven conocedora del baile.
La celebración, que hunde sus raíces en tradiciones posiblemente prerromanas y que fue recuperada por la Cofradía de San Blas tras décadas de desaparición por la despoblación, sigue siendo un ejemplo vivo de la riqueza del patrimonio inmaterial de la villa salinera.










