Un estudio en Ojo Guareña revela miles de años de historia humana en la Sala Keimada
Un estudio del CENIEH publica 18 dataciones inéditas que confirman el uso ritual y habitacional de este enclave de Cueva Palomera durante más de 13.000 años

El Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH) ha participado en la publicación de un nuevo estudio sobre la Cueva Palomera, dentro del complejo kárstico de Ojo Guareña, centrado en la Sala Keimada, uno de sus santuarios de arte rupestre más frágiles y hasta ahora sin datar con precisión.
Como explicó Ana Isabel Ortega Martínez arqueóloga líder de este estudio, en El Altavoz, la investigación aporta 18 dataciones inéditas que confirman una ocupación humana prolongada desde hace aproximadamente 13.500 años hasta hace poco más de 2.000 años, abarcando desde el Paleolítico Superior hasta la transición entre la Edad del Hierro y la llegada del mundo romano.
El estudio documenta un conjunto excepcional de evidencias arqueológicas, entre las que destacan pinturas negras geométricas, numerosos grabados realizados mediante el uso de los dedos sobre la roca y la representación de una cabeza de zoomorfo.
También se han identificado hoyos excavados con palos, restos de combustión y distintos niveles de ocupación humana que confirman el uso reiterado del espacio a lo largo del tiempo.
Las dataciones sitúan las primeras evidencias en torno a los 13.500 años, con fases posteriores correspondientes al Neolítico Antiguo, Calcolítico y Edad del Bronce, lo que refleja una continuidad de uso muy prolongada.
Como señaló la arqueóloga, uno de los hallazgos más destacados es una estructura artificial formada por grandes losas de caliza erguidas y apuntaladas entre sí, que presenta una forma interpretada como posible figura zoomorfa orientada hacia el panel principal de pinturas.
La pieza muestra además grabados y marcas de intervención humana, lo que refuerza la hipótesis de un uso simbólico o ritual dentro del santuario.
El estudio también documenta la presencia de restos de un pequeño cerdo doméstico, datado en un momento previo a la romanización, junto a otros indicios de actividad humana en el interior de la cavidad.
Estos elementos sugieren que la Sala Keimada pudo mantener un uso ritual hasta la Edad del Hierro, en un contexto en el que el cerdo y el jabalí tenían un importante simbolismo en las ofrendas de las comunidades de la época.
La investigación, publicada en la revista científica Journal of Archaeological Science Reports, ha sido liderada por la arqueóloga Ana Isabel Ortega Martínez, junto a un equipo de especialistas de diferentes instituciones.
El yacimiento, descubierto en 1976, había permanecido durante décadas con un acceso limitado y sin un estudio cronológico completo, lo que ahora se ha corregido gracias a esta investigación.
Los trabajos han sido autorizados por la Junta de Castilla y León y financiados mediante distintos programas de investigación vinculados al patrimonio arqueológico de Ojo Guareña, en colaboración con la Fundación Atapuerca y el Ministerio de Ciencia e Innovación.










