La actividad de las víboras se está adelantando este año en la provincia de Burgos como consecuencia de las temperaturas cada vez más elevadas registradas durante los meses previos a la primavera. Esta circunstancia ya se refleja en las urgencias hospitalarias, donde el Servicio de Toxicología Clínica del Hospital Universitario de Burgos (HUBU) ha atendido nueve casos de mordeduras desde febrero, un periodo más temprano de lo habitual.
Habitualmente, la mayor parte de las mordeduras de víbora se concentran entre marzo y octubre, con un incremento de los casos durante los meses de mayo y agosto.
Aunque ninguno de los pacientes ha presentado un cuadro de especial gravedad, en algunos casos ha sido necesario administrar antiveneno para evitar complicaciones.
Desde la Unidad de Toxicología del hospital recuerdan que la gravedad de una mordedura depende de varios factores, entre ellos la cantidad de veneno inoculada, la especie de víbora implicada y las características de la persona afectada, como su edad, peso o estado de salud previo.
Los especialistas insisten en que cualquier mordedura de víbora debe considerarse una urgencia médica hasta que sea evaluada por profesionales sanitarios. Por ello, recomiendan mantener la calma, evitar maniobras caseras y trasladar al afectado lo antes posible a un hospital o centro de salud para recibir la atención adecuada.
Asimismo, aconsejan inmovilizar la extremidad afectada en la medida de lo posible y retirar objetos como anillos, pulseras o relojes antes de que aumente la inflamación. En cambio, desaconsejan prácticas como realizar torniquetes, hacer cortes sobre la herida o intentar extraer el veneno, ya que pueden agravar la lesión.
El tratamiento en los casos más leves suele centrarse en controlar el dolor y vigilar la evolución del paciente, mientras que cuando existe riesgo de complicaciones se recurre al uso de antiveneno y a un seguimiento hospitalario más estrecho.










